«La mente suele jugar malas pasadas. Son muchos días trabajando un modelo de vida más acorde con la edad, un modelo que analizando los frentes abiertos en el día a día, trata de centrarse en lo inmediato con planes cortoplacistas. En una palabra: Se trata de frenar, aparcar sueños imposibles que pueden actuar negativamente y dedicarme a lo posible.
El sueño de hoy forma parte de ésas «las malas pasadas», tal vez influenciado por las últimas lecturas. En mi mesilla de noche está «21 mujeres en la Historia de Roma», interesante análisis de la vida de mujeres que ejercieron cierta influencia en la sociedad de la Roma Antigua. En mi puesto de trabajo, además de otros, las «Epístolas morales a Lucilio», de Séneca, Editorial Gredos, que un amigo me ha pasado. Sólo la introducción de la traducción de Ismael Roca Meliá, ya presenta subrayados que me puedan servir para mis post y reflexiones y de ahí, posiblemente, arranque el sueño que me ha desvelado, sueño muy agradable, plácido, en el que me encontraba ejerciendo mi servicio en Los Bañales y en el que me veía paseando por la «estoa» del Foro, absorto en mis pensamientos imaginándome conversando con otros que, como yo, trataban de hallar respuestas a tantas preguntas como el ser humano es capaz de hacer cuando trasciende más alla de lo físico.
En éste caso trataba de responderme una pregunta que me vengo planteando hace tiempo: ¿Qué me ata a Los Bañales? ¿Qué persigo?.
Como siempre que se hace el silencio interior las respuestas pueden ser escuchadas y la que se me repite como una letanía monocorde es: Buscas pertenecer a la Universidad, al conjunto de todas las cosas, a decir de los clásicos. Cicerón diría que «es el mundo, el universo». Buscaba el conocimiento sin saber que éste no sólo viene del estudio – necesario – que también se alimenta de la observación, de la reflexión, de hacerse nada ante lo desconocido y dejarse llevar del Todo que ordena y sacia. Buscaba sentirme parte del saber, de ése conjunto de todas las cosas que he citado, quiero pensar que no buscaba el placer de ser distinto, superior o diferente por exceso y si así ha sido, justo es que no alcanzase el objetivo sino que , además, me duela el tiempo perdido.
En mi sueño me he visto paseando por los porticos que se abren a las calles principales de la ciudad o en el Foro, donde todo encuentro es posible, desde escuchar a los niños recitar a Homero a quien canta las bondades del ciudadano que desea ser magistrado o al viajero que trae historias de sus viajes por Oriente. Me he visto meditando en voz alta, con quien quería escucharme, sobre la vida, la constancia, la tranquilidad del alma, los beneficios de la clemencia…consolándome por las oprtunidades que no se han podido materializar… meditaba sobre tanta falta de entendimiento que no tiene en cuenta lo breve de la vida y que ignora que el conocimiento debería unir y no separar.
Y me he levantado decidido a poner por escrito el sueño mientras me pregunto que, pese a todo, ¿no soy parte de la universidad, aunque nada me ate a ella, cuando invito a quien nos visita a que salga de su endiosamiento, propio de los tiempos, y busque la verdad en el estudio y la reflexión?».
Así escribía no hace tanto tiempo una respuesta a inquietudes entonces infundadas pero que hoy siento que se van materializando. Es evidente que elque no hace nada ni polvo levanta, lo cual dice muy poco de él como ser humano y que nuestro movimiento si mueve polvo y traslada piedras es porque nos mostramos vivos.
Los antiguos veían en los fenómenos naturales la acción de los dioses para bien y para mal. Sólo puedo decir lo que sentí el día del eclipse en el entorno antiguo de Los Bañales: El Sol se fue oscurecido por la presencia de la Luna entre él y nosotros. No se dió la noche presagiada sino una penumbra evocadora, serena, tranquilizadora con una aucencia de sonidos que penetraba en los huesos y dejaba sin palabras. Ni los pájaros tan buyangueros en la zona piaron, ni un grillo se oyó, nada, sólo silencio. Hasta el viento cesó. La temperatura suave. Era como un vacío lleno de sensaciones grato al cuerpo que llevaba a la admiración ante la presencia de lo Perfecto.
Sintiéndome incapaz de transmitir tanto que tantos sentíamos en ése momento, pasó por mi mente salir de las redes, cerrar mi blog, capturar ése silencio que vivía y no dejarlo ir: Tanta paz inundaba el ambiente. Hoy viendo protocolos, rutinas a utilizar para hacer cumplir aquél deseo me entra una pereza tremenda y me pregunto a mí mismo si merece la pena dejar de vivir (dejarse invadir por silencio no deseado es morir) porque no te sientas encuadrado en uno de los muchos estadíos que la sociedad – necesarios la mayoría – crea para situar al ser humano y la respuesta es que el problema es mío, viniendome a la cabeza aquella fábula que un día se contó: Juan Salvador Gaviota, del estadounidense Richard Bach https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Salvador_Gaviota

Para compensar, el fin de semana me ha llevado a disfrutar de espacios al otro lado de Pyrene que me recuerdan parajes de mi tierra que hoy desaparecen con las llamas inclementes. Eaux Bonnes, Francia, se llama el lugar, Aguas Buenas se traduce… y buenas sus gentes.
Pocos días han sido pero horas suficientes para descansar y mirar caminos a seguir y sobre todo aprender que contra todo límite que te imponen, parafraseando a Richard Bach, saber que, «soy maestro de lo que he vivido, artesano de lo que estoy viviendo y aprendiz de lo que viviré», sin dejar de pensar que hay ciclos que terminan para comenzar nuevos que nos preparen para nuevos retos presentes en la carrera del conocimiento personal.
Al final va a ser que mi subconsciente dedica demasiado tiempo a escuchar los ruidos de fuera, cuando realmente debería considerar más a menudo lo que un día dijera Marco Aurelio: «Lo que otros digan de tí fuera de tu control no define tu valor. Preocúpate sólo de que tus propias acciones sean justas». Si un día hay que dejar las cosas, aceptarlo con naturalidad será lo adecuado. Prepararse para ése momento es el objetivo inmediato. Hay etapas que se cierran para que otras vean la luz.

