Cristianismo o Estoicismo en el siglo XXI

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El primer sueño ya ha dejado un descanso relativo tras nuestro ajetreado día de ayer y hay que aprovechar para escribir sobre algunos aspectos y experiencias vividas.

Si alguno positivo tuvo ayer el día es que fue especialmente «une journée de prière». Lo necesitaba y vencí la natural pereza que produce la introversión y me lo dedique seriamente durante unas horas a mí.

Para no poner méritos en quien no los tiene, deberé decir que fue la escucha de un video (Aviso que es largo y que tratando de conocer su autoría, vi que es posible que sea un trabajo de la IA) que repasaba el proceder de Jesús comparado con el estoicismo https://www.youtube.com/watch?v=nsKtpK0dTFQ lo que me decidió a dar el paso: Hay que luchar por volver al Camino.

Así se lo indiqué a la persona que me escuchó en aquella iglesia. Aprovechamos para hacer juntos un repaso al momento personal mío y el actual de la sociedad, tan influyente, cercano a otro de hace 20 siglos en el que confesar una creencia ajena al politeismo dominante, era estar sentenciado al ostracismo, cuando no a la muerte. Exagerado, se pensará, pero no, no creo porque ¿Mata quien quita la vida de modo violento o quien anulándo a la persona no le deja vivir la que le corresponde?

Tiempo atrás, alguien que asistió a una visita guiada a la Ciudad Romana de Los Bañales, y con la que hablé en privado, reconoció, a la vista del costumbrismo que se vivía en el final del periodo altoimperial, extrapolando movimientos y gestos de la época a nuestro tiempo, que todo da entender que estamos viviendo lo que podríamos calificar de decadencia – «ir a menos» – en la sociedad actual, anuncio claro de que en algún momento habrá cambios serios del modelo en el que nos movemos, tema a considerar y reflexionar en otro momento.

Hace tiempo que leí las primeras reflexiones del emperador Marco Aurelio y su práctica estoicista y el citado enlace me dió el revolcón definitivo: Cuando todo se empeña en desvincularnos del mundo espiritual cristiano ¿qué nos impide realmente ser fieles a lo que un día se nos mostró como camino de serenidad? Fue tras un tiempo de silencio en aquél lugar que visité, ante la Señora, que me atreví a reconocer que sólo el egoismo, ése «yo» que nos creamos para «vivir tranquilos y sin llamar la atención o no», es la causa primera de que «se nos lleve la corriente» hacia puertos de intranquilidad.

Durante el tiempo que estuve sentado en el banco de aquél templo pensando en aspectos importantes de la vida, vi un matrimonio joven con un niño en brazos y otro que no tendría más de tres años. La madre, en cuclillas, abrazaba al niño mayorcito que contemplaba la imagen que se le mostraba de la Señora y con su mano guiaba la del hijo ayudandole a hacer la señal de la cruz sobre su rostro y pecho. Acabado el gesto, el niño, con cara de triunfo sonrió y fue a mostrarselo al padre que, unos pasos retrasado, contemplaba la escena. Y pensé…¡Hay esperanza!

Fuera del recinto sagrado pude ver algo que cada vez sorprende más por la edad de quienes la ejercen: Mendicidad. Y no dejaba de pensar que esta sociedad tan «igualitaria y solidaria» que está surgiendo no es cosa de «hace poco», luego ¿qué ha desvirtuado el mensaje, cuando perdimos de vista el objetivo verdadero? Algún día habria que poner por escrito una recopilación de las peticiones que se muestran sobre cartones por personas que postradas de hinojos, piden una ayuda.

Hay Gracia en volver al Camino. El modo en que se nos recuerda es muy variopinto: Sólo hay que aprender a Ver. Quitarnos el polvo que acumulamos en el entendimiento es importante para que no chirríe nuestro compromiso y se le dote de coherencia, el mejor de los lubricantes para pasar por la vida sin hacer ruido, sin menoscabo de dejar huella.

«Si supiéramos contemplar la vida con los ojos de Dios, veríamos que en el mundo no hay nada que no sea religioso (…) y podríamos contemplar la tierra con ojos cristianos». Así lo escribió un día Michel Quoist (1921-1997) en un librito – muy de bolsillo – titulado «Oraciones para rezar por la calle»

… a pesar del ruido.

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