Escribir para los demás…

…desde uno mismo

«Quien ama, se excede», escribí hace años en un librito que adquirí durante unos días de descanso a la puerta del Pirineo aragonés. Lo que sucedió a partir de entonces esconde un deseo cuyo cumplimiento, por justicia, debe pasar por quienes tomen la decisión de volverme a la tierra, pero en mi fuero interno pervive el deseo de descansar entre aquellas cumbres que tantas veces me han dado sombra y caminos que muchas más se han dejado recorrer para mejor comprender donde vive la serenidad y la calma.

Hace calor, agobia el calor, debilita el calor. Puede éste ser un buen modo de comenzar a escribir mi recuerdo de hoy, un ejercicio que sana el alma.

Mi pensamiento se va al Municipium Boletanum Boltaña, a una casa, la del que fuera médico de la localidad durante muchos años, la casa de D. Antonio Pla, ya fallecido, inolvidable para mí. A D. Antonio se le recuerda como reconocido investigador y prolífico escritor del Centro de Estudios del Sobrarbe. Viva está también en mi mente la habitación donde nos recibía siempre que íbamos a visitarle para hablar, cómo no, de emociones montañeras, las mismas de las que los estóicos dicen que no debemos hablar: miedos, deseos, querencias sentimientos contrapuestos… Con D. Antonio llegué a sentirme amigo y sobre todo alumno.

Debo decir que no recuerdo exactamente cómo fue el llegar hasta él, pero todo gira en torno a una inquietud que surgió, y que he comentado en otros escritos míos, como consecuencia de los numerosos viajes que hacía ésa comarca altoaragonesa que sus habitantes llaman “el país”, y sus razones tienen: En la falda de Peña Montañesa, tierra de romanos, tuvieron lugar episodios que marcaron el nacimiento de un reino cuyos inicios, desligados ya del Reino de Navarra por cuestiones de herencias y repartos de propiedades, dieron paso a lo que fue el Reino de Aragón, inicio de una Corona que aunó gentes y pueblos hasta tierras de Tesalia en los confines del Mediterráneo.

Sí que recuerdo que fueron los sentimientos que emanaban de la comtemplación de los espacios que recorríamos y que encontraron respuesta en los escritos de D. Antonio en la revista Treserols del citado Centro de Estudios. En sus artículos el autor describía la toponimia del Sobrarbe en base a “los sentimientos” que mueven al hombre primitivo para nominar los lugares donde decide quedarse a vivir, donde decide establecer su casa. Su trabajo no era teórico, era la consecuencia del conocimiento de cada uno de los espacios sobrarbenses recorridos a pie que visitó, fotografió y estudió en una incansable labor de llegar al principio, al origen , de aquellos pueblos que poblaron aquellas montañas. Así lo recuerdo yo.

En llegando a éste punto surge una cuestión: ¿qué es la casa para el hombre?

Desde el principio de los tiempos el hombre ha buscado al caer el sol, un refugio donde protegerse cuando el astro se oculta. La casa, su abrigo durante la noche, siempre ha sido el castillo desde el que se protege de agresiones a la vez que lo convierte en su lugar de descanso. Una puerta era todo lo que le separaba de la oscuridad ante la que se siente indefenso. Cerraduras, candados y todo tipo de trabas defendía la casa contra visitas indeseadas, reales o imaginadas. Esas paredes y alguna que otra plegaria, en ocasiones un “que Dios te dé una buena noche” bastaba, pero otras era una mezcla de divinidad y esoterismo: “De elfos, duendes y hadas / que molestan nuestros días / de los dragones de fuego y sus amigos / y otros que el diablo envía / ¡defiéndenos buen Dios!”, se escribió.

Me gustaba visitar a D. Antonio en su casa de Boltaña. Siempre me recibía su esposa quien solía ofrecerme “algo de beber” mientras me dirigía a lo que yo consideraba el “santa santorum” de quien tanto me enseñó (y animó a conocer por mí mismo) de una tierra bendecida: El Sobrarbe.

La estancia donde conversábamos era grande, muy luminosa, abarrotada de libros que pugnaban por encontrar un lugar donde reposar su sabiduría, carpetas, escritos sobre su mesa de trabajo y un sillón con escabel en el centro de la habitación desde el que me contaba historias sobre la tierra que recorrió con un humanismo propio de quien ha ejercido vocacionalmente la medicina. Las horas se pasaban sin darnos cuenta ¡tan amena era su charla!. Allí, con aquellas “charradicas”, fue cogiendo cuerpo el libro que, siguiendo barruntos que surgieron en Val de Vió, acabé escribiendo sobre uno de los valles más bonitos que he visitado: El Valle del Sieste. «La gente, me decía D. Antonio, pone nombre a las cosas según los sentimientos que le producen al contemplarlos» y así Sieste viene a ser “el lugar poblado de las buenas vistas” a decir de él mientras me recordaba los orígenes de nuestra lengua, de oscos, voscos y umbros – Roma tomaba forma en mi mente sin yo saberlo – no faltando razónes para creerlo.

El libro no pasó de ser un libro sencillo, localista según el librero que lo puso a la venta en unos grandes almacenes de Zaragoza, “propio de una pasión (…) casi una obsesión”, como lo prologó Severino Pallaruelo, etnólogo, gran conocedor del país, nacido en Puyarruego, en el corazón del Sobrarbe. El libro resulta, según sus palabras, “el fruto de una pasión” que nos llevó a mi hijo mayor ya mí a recorrer durante años cada palmo de tierra de ese valle, conocer a sus gentes y escuchar sus historias.

Y como una entidad en la que cada uno se siente dueño y señor vuelve a aparecer en la mente la casa, abierta durante el día de par en par y acerrojada en la noche, cubierta de fetiches protectores y espantabrujas en las “chamineras” para que no descendieran las brujas por ellas.

Tanta disertación, querido Elio, me trae a Los Bañales, tal vez otra pasión cuando no una obsesión, aunque puedas pensar que no te recuerdo, https://mododever.com/boira-mental/, sigues presente en mis soliloquios pues que los días pasan y veo las estaciones reflejadas en mi jardín a través de la ventana, mientras los clásicos me ayudan a seguir buscando respuestas: “Quid, quía, quam…» desde la casa, “… el espacio donde se forja nuestra identidad, donde nos preguntamos constantemente quiénes somos, en el que recibimos lo que somos y en el que se siembra aquello que seremos”

*Fotografías del autor

Deja una respuesta