En varias ocasiones he escrito sobre los mayores y hoy, cercana ya la celebración de mi octava década, no puedo por menos que reflexionar sobre el modo en que la sociedad trata a sus mayores.
En todas las sociedades antiguas el valor que se le confería al cumplimienmto de años por parte de las personas de la tribu, iba acompañada de un respeto por lo que de alcance de un estado de sabiduría se alcanzaba con ello. Alguien dijo recientemente, muy acertadamente según mi modo de ver, que poco importan los planes y proyectos que nos planteemos para «ser» en el futuro, ya que lo que cuenta es lo que «somos«, que se ha conseguido con nuestro pasar y quehacer a lo largo de los años en los que hemos ido «tejiendo» pensamientos y acciones, traducidas en hechos enriquecedores, o no, tanto en lo personal como en lo colectivo.
Es el caso que entre los muchos modos de aprender que los seres humanos tenemos, uno de ellos es la observación y posterior aplicación de la «curiositas» que nos es propia, ejerciendo, de modo natural, la acción de «filosofar» tan recomendable por Epicuro tanto para la edad joven como para la adulta y cuando reclamo respuestas a lo que me parece – les parece a un determinado sector de los adultos, el de los iletrados – pedantería, me encuentro con que Cicerón dedica una obra suya a la vejez, De senecture, en la que remarca lo que supone de libertad el estudio y la filosofía que dignifican al anciano, o el mismo Séneca que reconoce en ella, la Filosofía, «la mejor compañia que se puede tener una vez superadas las pasiones mundanas«.
Conociendo muy poco la obra de Schopenhauer – realmente conozco muy poco de casi nada – se me presenta el reto de leer su obra porque me llama la atención el resumen que de ella, respecto a la vejez, hacen los motores de búsqueda modernos en la red: Pesimismo filosófico aplicado a la vejez porque ya se ha vivido la ilusión de la juventud, por un lado (El arte de sobrevivir), encontrando en la Filosofía el consuelo para comprender la realidad, por otro.
Anima, volviendo a los clásicos, el énfasis que pone Séneca cuando afirma que «la Filosofía es la mejor compañía para el alma en nuestros últimos años«
Es cierto que el estudio ordenado, la fuente de conocimientos que representa la «universitas«, es garante de la conservación y difusión del conocimiento, pero poco puede hacer la entidad si en nosotros no buye el deseo incontenible de avanzar alimentando la citada «curiositas» mediante el estudio y conocimiento, no sólo de la Filosofía, sino también de la Historia, algo que, como suelo decir sin convertirme en visionario del futuro, me permite entender el presente y eso, como un bálsamo vivificador, me genera serenidad que los menos sensibles interpretan como apatía senecta o negatividad.
Pienso que el clásico vivía más de la observación que alimentaba su pensamiento. El moderno, más pragmático, vive de tocar para creer con una racionalidad que le resta esperanza. Entre esas voces que corean «proteger al mayor en su eufemistica Tercera Edad», se alza la de León XIV que afirma que se debe «…Escuchar a las personas mayores, (porque) custodian la sabiduría de un pueblo» https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-04/papa-leon-visita-casa-acogida-ancianos-saurimo-sabiduria.html

Tarea pendiente: Leer «El arte de sobrevivir» y «Senilia» de Arthur Schopenhauer

