Calma y espiritualidad

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No parecen buenos tiempos para la espiritualidad. Demasiada prisa, demasiado activismo… La espiritualidad precisa de la calma, del silencio.

Hace ya un tiempo una persona joven me preguntó si conocía el estoicismo y, dado que mostró mucho interés en que se lo explicara, antes que disertar sobre lo que conocía muy por encima, decidí regalarle las «Meditaciones de Marco Aurelio», un libro que no fue escrito para publicar – no fue ésa la intención del emperador filósofo al escribir – sino que resultó ser el diario que Marco Aurelio escribía y reflexionaba, para sí, sobre «qué quería hacer y qué quería ser». Se nos dice que lo escribía por la noche antes de dormir y que se levantaba antes de que saliera el sol para contemplar las estrellas, las cuales le mostraban la pequeñez humana.

Cuando te interesas por el tema – aquí aparece la bondad en las redes sociales, no todo es malo en ellas – te encuentras con portales dignos de seguir. Personalmente me gusta seguir «Las Notas del aprendiz» que un coach, Pablo Arango, edita. Una referencia https://www.youtube.com/watch?v=QymGWKKgDa4. Como quiera que no adoctrina sino que enseña – enseñar es mostrar – sus reflexiones mueven a la búsqueda y en mi caso al recuerdo también. Nada de lo que dice dejó de serme enseñado durante mi infancia y juventud desde la familia y los buenos consejeros que ha habido en mi vida, pero (siempre hay un pero) todo se hacía desde el pensamiento religioso católico-cristiano y mientras que a mí no me causa recelo, no son pocas las personas que me he encontrado a las que «ese modo de aprender les huele a cera e incienso» y les repele, personas que me han dejado de hablar «porque no se comprende que una persona inteligente como yo, – fueron sus palabras – pueda ser católico a día de hoy» o aquella otra persona que, en la red, mostró gran interés por mis comentarios a pesar de la distancia (más de 10.000 kms) manifestándome amistad y pidiendo consejo, pero que dejó de escribirme cuando supo que yo era católico. Eso manifestó.

Los consejos que se me dieron en su día sobre examinarme en la noche escribiendo logros y fracasos, planificar mi día siguiente para comenzarlo ordenado, iniciarlo con pensamiento positivo de agradecimiento por la nueva oportunidad que me brinda… estudiar un poquito cada día, escribir… todo eso se ha puesto de moda al «descubrirse» un modo de vida que Zenón de Citio ya mostraba como camino hacia la sabiduría hace dos mil trescientos años, con la diferencia de que yo, como millones de personas en el mundo, al Maestro le pongo una cara que trasciende lo humano: la de Cristo.

Te has preguntado, amigo, y has manifestado, que qué título me autoriza a ocupar y hablar en el servicio que presto voluntariamente en el terreno socio-cultural y te respondo aquí, aunque creo que no consultas ésta red, a la espera de hacerlo personalmente. Poco poodré decirte. Tu juicio ya está hecho y no merece la pena ocupar el tiempo en explicaciones que a nada conducen pues tú no vas a variar tu pensamiento en el corazón y yo no me veo obligado a descubrir de mí más alla de lo ordinario. Tan sólo te adelanto, y es una excepción, que hace tiempo que dejé de creer en papeles que la sociedad otorga para estandarizar status. Ten calma pues. No me cuesta trabajo hacerme a un lado para tu tranquilidad . Por mi parte sé ante quién respondo de mi correr de la vida. Él es la Comprensión pura y no hace distinciones y sabe de mí lo que nunca ser humano alguno llegará a saber. Eso me basta.

No parecen buenos tiempos para la espiritualidad, pero no por ello dejamos de ser, también, espíritu que hay que cultivar… y el fruto ponerlo al servicio de los demás.

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