Cerrar un capítulo, que no la historia, es el objetivo
Lo que parece que ya se está convirtiendo en norma, no deja de ser un desarreglo que acompaña y sitúa un momento de la vida de la persona. Dormir poco y a deshoras no deja de alterar el mecanismo del reloj biológico y seguro que, al final, pasará factura. No obstante, hay que tomarlo por el lado positivo considerando que es un subidón de azúcar a destiempo que trae consigo una actividad que se va a repetir pocas veces a lo largo del día ordinario, tan envuelto en las prisas y quehaceres.

El pensamiento de hoy, 8 de agosto de 2026, gira en torno a la visita que en breves horas va a dar comienzo en el entorno de la Ciudad Romana de Los Bañales. Mi mente, que no pierde ocasión de recordarme la finitud del tiempo, me trae a la actualidad a Calderón y su “(El) gran teatro del mundo”, que aún se refleja en mi recuerdo el día que la vi en televisión, en la noche, en blanco y negro – era lo que había entonces – lo que aportaba más dramatismo al que ya tiene la obra. En ella se refleja el fin de las cosas y la vida misma en la figura de un autor, Dios, un papel que es el que le toca a cada cual vivir y lo que debe ser la única regla, obrar bien, sin perder la perspectiva de que “Dios es Dios”.
Hoy pretendo cerrar un capítulo que me ha movido a escribir diversas reflexiones sobre los últimos tiempos y el sentido del servicio, incumpliendo lo que en el fondo es un deseo, que no consigo alcanzar: Pasar de puntillas. Y digo que no consigo alcanzarlo porque me gustaría tener la finura en la acción que tuvieron en sus obras quienes alcanzaron la santidad, algo que a todas luces se me escapa.
Ayer repasaba las entradas de mi blog https://mododever.com/ y observé, no sin cierto estupor, que las prisas me la jugaron cuando tantas cosas escribí y pocas vieron la luz en ese tablero (el blog) que pretende reflejar mi paso por la vida, a la espera de que otros caminantes se encuentren en caminos parecidos al mío y mi crónica les sirva de algo.
Con esa sorpresa me propuse abordar cada uno de los temas, actualizar su contenido si procede y sacarlos a la luz.

Uno de esos temas hace referencia a El Pueyo de Los Bañales, pronto hablaré de mi experiencia en ése territorio, espacio en el que por un tiempo me sentí el “Indiana Jones” de las Cinco Villas al que, esta vez sí, la piedra perseguidora, implacable, le ha arrollado dejando tras de sí la realidad que iguala y nutre el cajón de la mediocridad. Si hubo soberbia en la actuación o maldad encubierta, sea reo del olvido, otra forma más del infierno reservado a quienes no viven en la bondad y la virtud.
Nueva visita guiada. Nuevos visitantes en la ignota ciudad de Los Bañales. Un repaso a la vida de la Roma Antigua que articuló un territorio que, si tengo que regirme por los hallazgos que conozco, fue ejemplo de convivencia entre culturas de la que adolece nuestra sociedad.
Serán tres horas para el recuerdo y concienciación de algo que, por creernos que el mundo gira en torno a nuestro ombligo, olvidamos con suma facilidad: No dejamos de ser continuidad de la humanidad, muy lejos del principio que creemos ser.
La frase más trascendente que Calderón de la Barca refleja en su obra de “El gran teatro del mundo”, a decir de los estudiosos del autor, es: “Obrar bien, que Dios es Dios”, que marca la norma principal para nuestra existencia.
El resto es paja
