Un fraude, Elio, un fraude

Sófocles

17 de Septiembre de 2022

Ante Diem XV Kalendas Octobres
Celebración del Divo Augusto

Sófocles diría en una ocasión que “… más vale fracasar  honradamente que triunfar debido a un fraude”

En su libro “Un año en la Antigua Roma”, Néstor F. Marqués nos recuerda ésta efemérides que se celebraba tal día como hoy en Roma y un breve repaso a ésta divinización parece obligado.

Octavio César Augusto muere en Nola en el año 14 d.C. a los 75 años. Gobernó Roma desde el año 44 a. C., como heredero de su tío abuelo Julio César y un año más tarde configura el triunvirato  con Marco Antonio y Lépido dando continuidad a la dictadura que obtuviera su tío por decisión senatorial.

Hasta aquí todo tiene aires de normalidad.

El autor del libro referido nos recuerda que Livia Drusila, tercera esposa del fallecido,” pagó una importante cantidad de dinero a Numerio Ático para que declarara haber visto el fantasma del emperador ascendiendo a los cielos en sus funerales: Augusto alcanzaba así  la Apoteosis, había sido divinizado. Su esposa sería su primera sacerdotisa convertida en Iulia Augusta por testamento.

-¿A que me cuentas esto, Joaquín? Sobradamente conozco los hechos, recuerda que viví en tiempos de Augusto, incluso le serví.

-Lo sé, Elio. Sólo he querido ilustrar un cúmulo de ideas que me han venido a la cabeza en las últimas horas y como sabes que me gusta encontrar paralelismos entre tu tiempo y el mío – recordaremos a quien sigue nuestra particular visión de la Historia que tú viviste en tiempos de Augusto, principio del periodo  llamado Alto Imperio – pues me ha parecido oportuno iniciar la conversación contigo con el recuerdo de  esta memorable fecha, del mismo modo que me ha parecido oportuno encabezar con Sófocles el escrito, al fin y al cabo ¿No fue un fraude la divinización de Augusto? Este hecho de la divinización promovido por Livia, su “tercera” amada esposa, demuestra lo que mi amigo Rafa,  arqueólogo, con socarronería, me dijo un día en que coincidimos excavando en el Pueyo de Los Bañales: En Roma la corrupción estaba institucionalizada.

-La corrupción y las envidia y el “marica” el último y tantas cosas propias de la peor condición humana…, apostilla Elio.

-Cierto. Pero no me quiero ir del tema que me ha traído hoy a tu casa y que es la noticia del día en un periódico digital – ya te explico esto del digital otro día – “Libre mercado”: La extrema izquierda propone supermercados públicos en toda España”, dice el titular y, de paso, aclara, “No es una medida soviética”. ¡Ay, que me parece que odian el latín y sin embargo lo reviven en cada gesto! Porque ¿no es cierto aquello que se dijo un día “Excusatio non petita, accusatio manifesta”?

-Caput tuum calet hoc  mane, Joaquín, me responde mi amigo.

-Pues eso, pero es que hay más. El autor del artículo en cuestión, recuerda a los “hacedores” de tal invento propuesto que ya hubo algo así en la historia reciente de Hispania y aquí es donde entro yo con mi tiempo, en pleno gobierno de la dictadura tras nuestra  guerra civil.

Te cuento: Mi padre, a quien cada día que pasa admiro más, trabajaba en la Red Ferroviaria que llamamos RENFE, carruajes estatales para el transporte de mercancías y personas en tu tiempo, y como trabajador y propio de su categoría profesional, tenía diversas prebendas. Una de ellas, además de poder viajar gratis toda la familia un número determinado de kms en ferrocarril – todo esto también te lo explicaré en otro momento – era una cartilla para el “Economato”, un supermercado propio del Estado y adherido a la Compañía ferroviaria estatal. Una cartilla con tapas duras y hojas duplicadas: Original blanco y copia en amarillo.

Yo tenía entonces 13 años.

Revista de los Economatos

Todos los meses, una vez al mes, si mal no recuerdo, mi madre , porque tú tienes mejor letra me decía, me dictaba que alimentos de primera necesidad deseaba retirar del economato. En mi memoria aparece el establecimiento que hacía esquina entre la Avenida de Cataluña y la calle Estación, evocador nombre de calle que se enfrentaba a la Estación del Norte, en un populoso barrio de Zaragoza.

Era todo un ceremonial entrar allí, en el Economato”,  cesta en mano, para presentar la cartilla (era lo más parecido a la de Racionamiento que hubo en la postguerra, más grande, eso sí) en la que no todo se podía pedir ni en la cantidad deseada, pero los precios eran, evidentemente, mejores que en el comercio libre. Incluso creo que algunos eran gratuitos. Aquí la memoria me falla un poco.

Un empleado de bata gris abría la cartilla tras un largo mostrador de madera, con estanterías (vacias) de madera detrás de él, con el suelo de madera chirriante bajo nuestros pies, altos techos… de madera y lámparas de globo colgando del mismo, que era de madera, repasaba la lista de lo solicitado y ceremoniosamente iba depositando uno por uno los productos que sacaba de un almacén existente tras las estanterías, oculto por unas cortinas a nuestros ojos. Recogidos los productos en la cesta, se pasaba al final del mostrador a otro departamento que se adivinaba como oficina administrativa, tras unos cristales translúcidos, donde a través de un ventanuco diminuto sólo se podían ver las manos de un empleado que ratificaba lo recogido, sellaba y firmaba. En ése momento todo acababa. Si la madre se había olvidado de algo, hasta el mes siguiente no podía pedirlo y debía acabar adquiriéndolo en las tiendas del barrio.

Cáritas – organización adscrita a la Iglesia Católica, a la Parroquia del barrio, compensaba la carencia de productos básicos con queso y leche en polvo, donación de “un país amigo”.

Era, como digo, una prebenda eso de la cartilla sometida al rigor de unos favores estatales que definían el status social dentro de la compañía de ferrocarriles: Un maquinista, o un factor, tenían cartilla… pero de otro color y con otros alcances, bien en calidad, bien en cantidad.

Este modelo de supermercado fue adoptado por empresas principales de la ciudad, aunque con premisas más abiertas para adquirir alimentos. Una de ellas era que “todo tenía precios más bajos que el comercio minorista del entorno”. Como quieren hacer ahora. La empresa en la que yo trabajé y obtuve mi formación profesional, tenía Economato. Era una de las grandes de Zaragoza. Entonces, si mal no recuerdo, estábamos no más de cuatro empresas en Zaragoza en las que se podía obtener éste beneficio de comprar más barato. Aparte de la Mutualidad Civil y  Mercantil, adscrita al ejército, más completa en servicios y productos.

-Lo que me cuentas parece copiado de la Roma que yo conozco, interviene Elio.

En nuestro caso se trataba de la Annona. Aquí en Los Bañales se vive bien, el comercio, la agricultura y el buen hacer de sus magistrados y ser una ciudad pequeña, familiar,  nos permite llevar una vida distinta a la de la capital del Imperio, aunque no estamos exentos de costumbres que hacen favorecer el bienestar. Aquí hay miseria, claro, pero en los pueblos se nota menos porque lo básico no falta en la mesa, lo cual no impide que, siguiendo las directrices de Estado, se distribuyan alimentos gratis, principalmente grano con el que poder prepararse unas gachas para desayunar, si pueden ser mezcladas en vino, mejor, según la receta de Apicio https://www.liedena.es/wp-content/uploads/2021/04/Apicio-Re-coquinaria-1.p

En Roma la miseria es mayor. Una gran parte de la población (en una ciudad de más de un millón de habitantes) vive en la miseria. El Imperio crece, es cierto, pero la inmigración también. Los favorecidos son siempre las clases altas. Las tierras conquistadas ya no las trabajan  quienes moran y viven de ellas comerciando con el producto obtenido. La conquista traía una mano de obra esclava que sólo favorece a quienes obtenen la tierra al repartir el botín y la solución es migrar a la ciudad donde, al menos, el Estado procura alimentación a los desfavorecidos de una administración que mira el bien del optimate, minoría que gobierna.

En la capital lo pasan mal, Joaquín, quienes se han visto obligados a dejar sus tierras. Los trabajos no abundan, los alimentos son caros, la hambruna está presente y con ella la inestabilidad política https://historia.nationalgeographic.com.es/a/annona-pan-para-pueblo_16575.

Cayo Sempronio Graco

Hubo una familia, ciento y muchos años atrás, ( 133 a.C. al 123 a.C), los Graco, que establecieron reformas importantes con leyes y propuestas, relacionadas con el campo. Tiberio Y Cayo Sempronio, eran hijos del militar y  estadista – calificativo engloba o comprende asimismo a las personas que están por encima de las divisiones partidarias y de los sectores, en inquieta y creativa búsqueda del bien común y asumiendo plenamente sus propias responsabilidades – Tiberio Sempronio Graco, casado con Cornelia, de la familia de los Escipiones. Estas reformas favorecerán a la plebe, a los itálicos y al ordo ecuestre, en claro detrimento de la clase aristocrática, lo cual provocaría revueltas organizadas por quienes no querían perder sus privilegios, https://es.wikipedia.org/wiki/Reformas_de_los_Gracos

Aquí, en Los Bañales, nuestra administración es como la que se aplica en la capital. Tal vez un día encontréis restos del edificio donde se aplicaba éstas leyes, incluido el de la Annona. Pocas cosas cambian respecto a ella. Quizá los dioses. Los nativos tienen algunos que complementan a los nuestros, o los hemos hecho complementar. Nuestra religiosidad emana de nosotros como personas, nuestros dioses son consecuencia de nuestras necesidades,  y no como los cristianos que defienden un Dios anterior a todo desde toda la eternidad y del que sólo se puede ser imagen o semejante en lo espiritual, lo que permanece para siempre.

-Muchas cosas que pensar, Elio. Quienes se quieren atribuir la invención de un medio de favorecer a los que ellos mismos han creado como desfavorecidos, aquellos que desprecian vuestro legado, hoy se presentan como redentores reinventores de algo que lo único que hace es acrecentar la diferencia entre seres humanos, apareciendo a mis ojos como new nobilitas, “optimates”,  https://es.wikipedia.org/wiki/Optimates#:~:text=Optimates%20(del%20lat%C3%ADn%20optim%C4%81tes%2C%20%C2%AB,en%20la%20Rep%C3%BAblica%20romana%20tard%C3%ADa., descendientes de dioses (creen) los que, invariablemente se encontrarán un día con los “populares” https://es.wikipedia.org/wiki/Populares#:~:text=Los%20populares%20(‘%5Blos%20de,optimates%20en%20la%20vida%20pol%C3%ADtica.

En cualquier caso echo en falta al “estadista” que, en definición que aprendí de adolescente, gobierna con visión de futuro desarrollando leyes que lleven a un objetivo bueno para la generalidad, aunque dudo que desaparezca la figura del que “arrima el ascua a su sardina”.

Si atendemos a la Historia, y sigo leyendo el enlace que sobre los populares he puesto más arriba, ¿No nos estaremos pareciendo a la gran potencia que no quiero nombrar, donde los demócratas son los optimates y los republicanos los populares?

-Tal vez sea un “verlas venir “, me sentencia, Elio.

-Es posible, Elio, es posible. Un fraude, Sófocles dixit.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Teresa

    Cuántos recuerdos propios han venido a mi memoria al comenzar a leerte hoy…
    Recuerdos de momentos y lugares que mi mente, muy párvula en aquel tiempo no sabía interpretar. Pero ahí estaban, entre las cosas queridas y a veces añoradas de mi infancia.
    Me siento privilegiada por seguir aprendiendo cada día cosas, que a pesar de haberlas vivido en su momento, quedaron incompletas o por falta de explicaciones, o por falta de madurez para comprenderlas.
    Además me haces ver que ” la historia se repite” y que no somos nada originales, que siempre hubo alguien que puso en práctica cosas que ahora nos parecen la panacea a todos nuestros males. ¡ Cuántas cosas se aprenden leyendo! ¡ Gracias Joaquín y gracias Elio!

    1. admin

      Es mi propósito, Teresa, ilusionar a quien me lea mediante el recuerdo. Sucede lo mismo en las visitas que guío en Los Bañales: Quien va, conozca o no la Historia de Roma y su repercusión en la sociedad actual, pretendo que regrese a casa con un punto de descubrimiento, con un punto de ilusión por saber más de nuestra historia pasada, sea romana o mesopotámica, en cualquier caso saber, entender que el conocimiento del pasado puede y ayuda a configurar nuestro futuro como personas.

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